En la reunión del Foro de Madrid realizada en Lima en abril del 2023, los participantes coincidieron en afirmar que “Perú es el bastión”. ¿A qué se referían los partidarios de la ultraderecha definiendo a Perú como su fortaleza? Un bastión que sirve para refugiarse en tiempos de asedios, y para planificar avanzadas cuando las fuerzas se recomponen. Eso han venido haciendo las últimas décadas, ensayando medidas económicas, validando políticas de gobierno y mecanismos de convivencia social que fragmentan la sociedad y destruyen lo público para consolidar privilegios de unos pocos y excluir a las mayorías.
Ideológicamente, Perú es la cuna del libertarianismo. El país no tiene ni ha tenido proyecto nacional (con la excepción de apenas siete años del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas entre 1968 y 1975). Cada porción del territorio es negociable para el mejor postor y hoy en día, cerca de 40% del territorio está concesionado al sector privado y extranjero. El modus operandis al que apelan es el mismo: a través del Estado, la colectividad invierte en infraestructura para que luego el sector privado cobre las ganancias. La elite política, a pesar de ser odiada por el pueblo (el Congreso apenas tiene 3% de aprobación ciudadana repite que el Estado no sirve, que el sector privado lo hace mejor. Sin embargo, transcurridos 35 años desde la imposición del neoliberalismo, eso no parece ser verdad. Luego de tanto tiempo desmantelando el Estado, atomizando la sociedad y sin más horizonte que los intereses del sector privado, ¿la población peruana vive mejor? ¿Se he beneficiado de una tasa constante de crecimiento o las ganancias se evaporaron en las cuentas de unos pocos?
Para los libertarios peruanos el “Estado debe reducirse a su mínima expresión”, razón por la cual han avanzado en desmantelar el sector público. Perú se cuenta entre los dos países de la región con menos servidores públicos, llegando apenas al 9%. Cuenta además con 74% de trabajo informal, es decir trabajadores que no pueden siquiera aspirar a una cobertura de salud o a cualquier tipo de jubilación. En otros términos, 3 de cada 4 trabajadores no cuentan con ninguna protección social o derechos colectivos.
“El sector privado lo hace mejor” es otra frase que suelen repetir estos libertarios. En tres décadas de gobierno, han conseguido que los privados se encarguen prácticamente de todo, al punto que el país carece de infraestructura propia para impulsar el desarrollo. Los puentes concesionados se caen como ocurrió en Chancay hace pocos días, los centros comerciales se derrumben sobre sus consumidores como en Trujillo y más recientemente, una clínica enveneno a un niño con suero fisiológico adulterado. Los ciudadanos están secuestrados por un sector privado excluyente y deficiente, por una parte, y la ausencia de servicios públicos por otra.
La paradoja peruana, de la que nunca hablan los libertarios peruanos, es que uno de los pilares de la economía peruana sigue siendo el…sector público internacional. El aeropuerto de Lima está manejado por la empresa pública alemana AG de la alcaldía de Franckfurt, los dos principales puertos pertenecen a empresas públicas; Cosco Shipping de capitales públicos chinos en Chancay y DP World en El Callao, con capitales de Dubai. Asimismo, 100% de la producción y comercialización de la luz de la región de Lima (12 millones de habitantes, 35% de la población) es propiedad de la empresa estatal china Yangtze Power, las principales gasolineras pertenecen a la petrolera estatal saudí Aramco, y la importante empresa de telecomunicaciones Bittel es propiedad del ministerio de defensa de Vietnam. Y la lista podría continuar.
No obstante, la caballería de avanzada del bastión libertario-occidental prefiere omitir que su castillo está minado por el sector público proveniente de países abiertamente socialistas, o apostando por un mundo multipolar. Confiados en manejar la prensa y las instituciones, todavía no les causa preocupación. Al pueblo peruano, le corresponde destruir este fortín para construir juntos una casa común donde caben todos, y donde todos pueden por fin alcanzar una calidad de vida justa y decente.
La Línea