Ayacucho: crónica de una movilización – Natalí Durand

Qunqaq haykaqpas chayan (1)

Natalí Durand Guevara – Dra. Antropología, docente de UNMSM.

Días de movilizaciones

Como presagiando el dolor, la tierra de muertos “Ayacucho” se volvió a teñir de sangre un 15 de diciembre, cuando miles de ayacuchanos acatando el paro en su región salieron a protestar contra la actual presidenta Dina Boluarte, exigiendo su renuncia y la convocatoria inmediata a nuevas elecciones generales. La movilización dio inició en la Plaza de Huamanga, desplazándose de este punto a calles de la ciudad, a horas de la tarde un grupo de personas desvían el camino y deciden llevar la protesta rumbo al aeropuerto.

“Yo no me encontraba marchando, pero vivo cerca al aeropuerto, y vi que miles de personas comenzaron a entrar, entonces salí de mi casa y me uní. Al principio estábamos tranquilos, hablamos con los militares y nos permitieron quedarnos hasta la noche, pero luego de unas horas que estábamos tranquilos, arengando, se escuchó un ruido y se desató el caos, llegó la policía y comenzó a dispararnos, en ese momento todos comenzamos a correr y yo ya solo oí disparos” (Manuel, 30 años)

Ese día en Huamanga, fueron asesinadas con armas de fuego 10 personas (2) y otras 10 fueron heridas de gravedad y permanecen aún internadas en hospitales de Ayacucho y Lima. Ese día Ayacucho volvió a teñirse de sangre y reabrir heridas del pasado esas que aún no logran cerrar y que nos remontan a la década de los ’80, época del Conflicto armado interno (CAI) ese día los sinchis (3) volvieron a ocupar una vez más las plazas, calles, carreteras.

            Los días siguientes a la masacre, se vivió un clima de desconcierto y dolor, se decretó una tregua por fiestas (navidad y año nuevo), de buscar organizarse entre las diferentes facciones: FEDEPA (Frente de Defensa del pueblo de Ayacucho), Junta de regantes, familiares de los asesinados en las protestas, Anfasep (Asociación nacional de familiares de secuestrados, detenidos y desaparecidos del Perú), Universitarios de la Universidad San Cristóbal, para acordar una nueva movilización para los días 10 y 11 de enero. El día de la nueva gran movilización llegaba y las organizaciones no lograron llegar a un acuerdo, el paro en Huamanga solamente fue asumido por el FEDEPA, las demás organizaciones no se plegaron y convocaron a otras acciones.

            Si bien el paro esta vez ya no fue multitudinario, hubo centenares de personas que se sumaron, la mayoría de los comercios no atendieron, el aeropuerto suspendió sus vuelos y las carreteras amanecieron bloqueadas. La gente comenzaba a congregarse desde temprano en la plaza de Huamanga, poco a poco iban llegando para empezar un recorrido por diversas calles de la ciudad exigiendo nuevamente la renuncia Dina Boluarte, además, justicia para los 10 asesinados de Ayacucho y solidaridad con la nueva masacre ocurrida esta vez en la ciudad de Juliaca; “Ayacucho y Juliaca un solo corazón”, se escuchaba en las calles de Huamanga, mientras banderas y carteles recorren las calles de la ciudad, mientras se escucha gritar “Asamblea Constituyente para una Nueva Constitución”, “Dina Renuncia ya”, la marcha no cuenta con una ruta establecida, solamente tiene un propósito hacer sentir la indignación frente a los asesinatos cometidos por el gobierno.

            Tras un cansado recorrido, que tiene una pausa para el almuerzo a las 14 horas, se retoman las manifestaciones con menos gente, ya son pocos los que siguen caminando, la mayoría se queda en la plaza sentados con sus carteles, mientras comentan “cómo no va a renunciar esa Dina con tantos muertos, es que no le importan nada”. Comienza a oscurecer son las 18 horas, me siento en las gradas frente a la iglesia, la cual permanece custodiada por policías, junto a mí una señora de cabellos canos, agitada por el cansancio de la movilización se sienta junto a mi comienza a murmurar bajito en quechua:

“Como nos dicen que somos de sendero si sendero incendió mi casa, mato a mi esposo, a mi familia, todo nos quitaron, por ellos tuvimos que irnos de nuestra chacra, y ahora solita estoy. Otra vez vienen los sinchis a matarnos como antes, nunca nos defendieron, siempre nos despreciaron… han vuelto los demonios, nos quieren volver a matar a todos”

Escucho que pronuncia estas palabras con lágrimas en los ojos, cargada de impotencia que reflejan rabia, cólera, por lo que pasó y por lo que pasa ahora, por ese pasado que aún no pasa. De pronto se escuchan truenos y rayos, como anuncio de una tormenta, comienza a caer la lluviay la protesta termina abruptamente, la plaza de Huamanga está inundada y nos tenemos que retirar, el paro debe ser retomado al día siguiente.

            El segundo día de paro, si bien los comercios permanecieron cerrados, fueron menos los que se congregaron en la Plaza de Huamanga a continuar con la protesta; un buen grupo se quedó en la plaza reunidos para discutir diversos temas como: la renuncia de Dina, la libertad de Castillo y la Asamblea Constituyente, este último tema es el que generó más debate, pues muchas personas no sabían qué era una Asamblea Constituyente, por lo que un señor mayor tomó la palabra y explicó:

“La Asamblea Constituyente, es el paso previo a la Nueva Constitución, ahí se tiene como en el ’79 redactar una Constitución donde tengamos más derechos, donde los campesinos, los indígenas seamos reconocidos, ya no queremos la Constitución del dictador Fujimori” (Máximo, 52 años)

Si bien existe un sentimiento de cambio, conforme se comienza a profundizar qué es lo que se quiere cambiar de la Constitución actual y todavía existe un desconocimiento sobre cómo se realiza una Asamblea Constituyente, quienes serían electos asambleístas, y sobre todo cuándo se pregunta ¿qué país se imaginan?, una respuesta común es que otros ya lo han pesado, sin embargo, no se puede negar que hoy lo que antes era impensable se viene gestando un momento constituyente, un momento de cambio.

            Al oscurecer una banda patronal comienza se abre paso en la Plaza de Huamanga, señoras con trenzas y polleras (4) se ubican frente a la prefectura y encienden unas velas por los asesinados en Huamanga y Juliaca en las protestas, son las dirigentas de Anfasep, la presidenta Lidia Flores, “en 1980 hasta el 2000 hemos pasado estas cosas, hemos perdido a nuestros familiares, ahora igualito parece para mi está pasando, ¡hasta cuando señores!”, la música puneña suena, mientras se recuerda a los desaparecidos del conflicto armado interno, mientras recuerdan a los asesinados y heridos de las protestas de hace unos días.

Entre todas las sangres

Terminados los dos días de paro, la junta directiva del FREDEPA es intervenida y detenida de manera arbitraria por la policía; estos son trasladados al cuartel “Los Cabitos”, espacio que nos traslada inmediatamente al conflicto armado interno, donde este cuartel era utilizado para torturar y desaparecer campesinos, este lugar hasta hoy en día es recordado con miedo por la población pues sólo nombrarlo te transporta a la época de violencia y terror.

            Son diversas las posiciones sobre el FREDEPA, dicha organización no cuenta con un amplio respaldo popular como lo tuvo antaño, sin embargo, existe una coincidencia que el arresto a 7 dirigentes ha sido arbitrario, generando una indignación en la mayoría de los ayacuchanos, quienes durante horas no sabían su paradero, se recurrió a la Coordinadora Nacional de Derechos humanos para que logre ubicar dónde se encontraban, finalmente el ministerio del interior dio a conocer un nuevo operativo para capturar a los terroristas que venían azuzando a la población para que protesten y que eran parte de la organización terrorista Sendero Luminoso, ¿cuáles fueron las pruebas encontradas? Tal como en los ’80 (época en el que cientos de personas inocentes fueron capturadas sin mayores pruebas), leer a Marx, Lenin y hablar en sus reuniones sobre la Asamblea Constituyente y el cambio de Constitución.

            Hoy en Ayacucho, así como en otras regiones del país, al ser acusados de terroristas y negarles el derecho a protestar, se vive un clima de cólera, una rabia que se viene arrastrando de años atrás, con un conflicto armado interno que dejó heridas abiertas y que el Estado hizo muy poco por sanar, porque los partidos de derecha quisieron desconocer su voto el 2021, alegando un fraude inexistente.

“No importa si nos matan a miles, nuestras vidas no valen nada, nuestros votos no valen nada para ellos, sino vamos a Lima a morir no nos van a hacer caso, nos mataron antes nos siguen matando ahora, por eso vamos a ir ahora el 19 a tomar Lima.” (Juliana, 25 años)

El descontento es palpable en todas las protestas del país, las demandas pueden cambiar en algunas regiones, pero si una consigna los une es que renuncie la presidenta Dina Boluarte, pues tiene las manos manchadas de sangre, que se convoque inmediatamente a nuevas elecciones generales, que no solamente se vaya Dina sino también el congreso.

Todo olvido está lleno de memoria

Hoy en el Perú se vive en una crisis nacional, con movilizaciones masivas, en Puno, Cusco, Ayacucho, Andahuaylas, Cajamarca, Huancavelica, Junín, Chiclayo, exigiendo el adelanto de elecciones al 2023 y la renuncia inmediata de la presidenta Boluarte. La reacción de esta contraria a calmar las aguas ha sido acusar a los manifestantes que están siendo azuzados por los terroristas de sendero luminoso, financiados por narcotraficantes, y armados por Bolivia, la policía no tiene ninguna prueba para respaldar estas acusaciones.

            Para tratar de controlar las protestas en lugar de escuchar las demandas de los manifestantes, la señora Boluarte se aferra a su puesto, decretando Estado de Emergencia en las regiones más convulsionadas del país, además, reprimiendo a los manifestantes con armas de fuego, lo cual les ha costado la vida a 49 ciudadanos peruanos de diferentes regiones del país, entre ellos un médico, personas que ayudaron a quienes eran agredidos por la policía y los militares, además de al menos cuatro menores de edad, esto ha provocado indignación, rabia en la población, sin embargo, toca como diría el amauta Arguedas transformar la rabia y la cólera individual en un odio colectivo, en un gran incendio, en una rabia lúcida, esa que nos ayude a transformar el país.

            El 19 de enero se ha convocado a la movilización nacional a Lima, para la cual miles de personas se vienen desplazando del interior del país a la capital para lo que ellos han denominado “La toma de Lima”. En Ayacucho cientos de personas han salido en camiones y buses para llegar a la capital y protestar contra el gobierno de Boluarte, para hacer sentir su voz una vez más la nueva masacre que empañó la “tierra de muertos”. Lejos de acallarse las protestas estas continúan, en algunas regiones se contienen mientras que otras se levantan como una onda expansiva, que ven como única solución protestar en Lima porque en este país centralista, que sigue despreciando a las regiones, la única forma de ser oídos es como dicen “invadir sus calles”.

            En las calles de Huamanga se oye hablar de un nuevo tiempo, que es el tiempo que sus demandas sean escuchadas. Ese tiempo nuevo, es tal vez ese Pachakuti un tiempo donde todo se invierte, lo que estaba arriba queda abajo y lo de abajo arriba; la noche se convierte en día y el día en noche; los hombres se convierten en piedra, pero también de piedras surge una nueva generación. Quizás, hoy en el Perú un Pachakuti (ciclo) se ha cerrado y otro está comenzando, uno que nace de un sentimiento de hartazgo, de descontento, de desprotección por parte del Estado, toca transformar ese sentimiento en una rabia lúcida compartida que nos lleve a una transformación estructural, a un debate del país que queremos, y que este quede plasmado en una Nueva Constitución donde todos y todas sean incluidos, un Perú en que los nadies por primera vez tengan voz.

Notas:

  1. Palabra en quechua que significa “olvido que nunca llegas”, huayno del compositor Walter Humala.
  2. Según Carmen Rosa Cardoza, del equipo peruano de antropología forense, del total de las víctimas, seis registran disparos en el tórax, tres en el abdomen y uno en la cabeza.
  3. En Ayacucho a la policía se le conoce como “sinchis”.
  4. Polleras, se les denomina así a las faldas amplias andinas.