Yo lo había visto al Clever dando al baile bien bonito, alegrando a la plaza, haciendo cantar al arpa. Todos sabíamos que el menor de los Quispe Román, tenía el alma orgullosa, electrónico iba a ser y diecisiete años tenía.
Ese sábado del quince de enero, ya había muchas personas en la calle reclamando; Clever escuchaba la radio, volteo los ojos y vio a su hermano cargado por dos de sus compañeros; tenía una bala incrustada en el muslo, en esa arteria fatídica que te aspira latidos y que te deja caminado como esos que dan pena.
La tristeza de Clever convirtió su alma en ira, sin decir nada salió con los ojos inyectados, ahora ya eran cientos, el olor intoxicado asfixiaba, pero nadie en Huamanga creía, que terminarían reventados, ese sábado.
Al parecer el que disparo, fue otro Quispe, uno también del barrio, que creció, bebió y jugo al futbol con ellos. Un amigo que se hizo policía, y que con la mano prieta como la de Clever, fue el culpable de enmudecer su arpa para siempre.
Algunos tombos, les raspan los ojos para que no nos reconozcan y nos vean como monstruos, algunos se olvidan de las risas de sus paisanos, y otros del hermoso recuerdo, del olor profundo de las que fueron sus mujeres.
La abuela del Clever fue la primera en abrazar su cuerpo, ya no le latía el corazón, pero aún estaba tibio, ella tenía la cara suspendida en un grito de rabia. Se echaba llorando y cantando la pulpa roja, de su Clever en la cara.
Se arrancó furiosa todas las costras de su corazón, de cuando hace más de treinta años, torturaron a su hermano…del que nunca le devolvieron el cuerpo.
Ella ahora es un fantasma que recorre…plazas susurrando guerra, aún son pocos los que le hacen caso.
Rosi ROJAS